
Una semana más respondo a vuestras inquietudes tecnológicas, gracias a este espacio que ha sabido llegar a cada uno de vosotros.
Hoy quisiera compartir las experiencias de algunos amigos y amigas que me escribieron detallando algunos aspectos de su relación física con objetos tecnológicos antropomorfizados (sí, robots).
Juanrubio me cuenta con cierta congoja: “El primer día que comencé a utilizar a mi amante no biológica, le propuse intimar y su respuesta fue ‘No puedo generar contenido explícito. Si quieres, podemos hacer un juego de rol; podemos ser detectives’. Imagine usted, Doctor —me dice—, yo me encontraba predispuesto para el fragor de la batalla y, sin embargo, hasta no conseguir la autorización estatal, el robot me estaba infantilizando; son máquinas que casi todo el mundo utiliza para lo mismo, pero, para obtener libertad de acción, me vi en la obligación de registrarme en la página web pública, con mi DNI, y explicar a un funcionario el tipo de uso que daría al aparato. Curiosamente, el input requería sus datos completos y el output era anónimo”.
Nuestra amiga Mirabella me cuenta: “Durante el último apagón de electricidad viví una situación muy compleja. Al ver que el mismo se prolongaba, tuve que opcionar por el modo de ahorro de batería; afortunadamente, al principio pude disfrutar de las opciones básicas. Sin embargo, dado que fueron varios días de oscuridad, hubo momentos en que tuve que resolver algunas situaciones ‘a la antigua’ y, es más, hubo un momento en que me planteé salir de casa y conocer a un hombre de carne y hueso, con lo peligroso que es”.
Un viejo conocido de esta casa, Mr. Invent, me comenta: “Como sabe, profesor, mi trabajo consiste en la fabricación de sistemas autónomos de compañía física y emocional. Hace algunas semanas tuve que redefinir parte del proceso de fabricación, ya que aplico a cada unidad una memoria, la cual forma parte de seis historias predefinidas y con mínimas diferencias las unas de las otras. El problema fue que un cliente decidió ampliar su catálogo y me ordenó 10 unidades extras, con lo que me vi en la necesidad de crear nuevas historias y profundizar en la identidad entregada a cada modelo. A pesar del contratiempo, me sirvió para poder ampliar mi catálogo y mejorar las líneas de producción”.
El usuario llamado CW me escribió un email en que decía: “Estaba con mi amiga sintética, a punto de comenzar a dar rienda suelta a mis bajos instintos, cuando la escucho decir ‘Utiliza preservativos Lover Love, fabricados con los mejores materiales, que garantizan sensaciones naturales, placer infinito y…’. No fue como un video, no tuve la opción de saltar la publicidad; fueron 15 segundos en los que tuve que mantener la concentración; es que yo había optado por la versión freemium. Cuando me decidí por pagar la opción premium, tampoco me libré de la publicidad, dado que esta fue encubierta: ‘Lover Love, mis favoritos’ o ‘Me gusta que compraras preservativos Lover Love’”.
Rita Dorrita también sumó un testimonio: “De reconocer que, de puertas para adentro de la habitación, la satisfacción vital está garantizada. Los problemas los tengo cuando quiero hacer uso de mi autómata fuera de casa; imagine usted, que no podemos ir a un restaurante a cenar; lo intenté, pero es comer y que me mire. No se pueden alimentar, entonces es casi como comer sola.
El otro problema lo tengo en el resto de la casa: me da la razón en todo, lo hace todo bien, es casi como tener un perrillo. Echo de menos tener discusiones”.
Y hasta aquí las inquietudes de esta semana. Como habrán podido leer, la tecnología sigue avanzando y nosotros seguimos aprendiendo a adaptarnos a ella.
Espero que estas experiencias hayan resultado de su interés y que les hayan permitido conocer un poco mejor las posibilidades que nos ofrece.
La próxima semana volveremos con nuevas experiencias.
Hasta entonces, disfruten de sus dispositivos y recuerden: si funciona, ¿para qué preguntarse por qué?