La brecha analógica

[EN] Beyond the digital divide: an essay on the rise of the «Analog Gap» and the loss of critical thinking and the cognitive sovereignty, in the screen age. Full text below in Spanish. Browser translation recommended.
Vamos a hablar de problemas del llamado “primer mundo”, ese que parece evolucionado, pero que esconde todo bajo la alfombra de los discursos bonitos.
 
Dentro de esos discursos, uno de los más escuchados es el de la “brecha digital”, sí, ese que dice que hay personas que están en algunas de estas tres situaciones: 
 
* Las que no tienen acceso a herramientas tecnológicas o digitales
 
* Las de uso, diferencias entre las personas que saben utilizar la tecnología y las que no
 
* Las de la calidad del uso, que hace referencia al tipo de utilidad que hacen los usuarios con las herramientas digitales o tecnológicas.
 
 
Sí, en un primer mundo donde prácticamente es obligatorio tener un dispositivo móvil, aún en el segundo cuarto del siglo XXI, hay quienes dicen que existe un problema.
 
Lo que el “problema” no dice es la saturación tecnológica. Como mencioné anteriormente, el ciudadano europeo promedio está prácticamente obligado a depender de un dispositivo móvil y, en los países en vías de desarrollo este fenómeno ya está empezando a suceder.
 
La situación es tal que, el acceso es extremadamente fácil. Yo no soy quien para juzgar lo que hace cada persona con la tecnología ni si la comparte con sus hijos o no. Para discursos aleccionadores están nuestros políticos.
 
Esos mismos que fomentan el acceso tecnológico en las aulas. Son tiempos en los que se garantiza que todo alumno que egrese del sistema público de educación sea capaz de tener, aunque sea el conocimiento digital mínimo; porque son tiempos de cambio y la digitalización es el futuro y bla, bla, bla.
 
Siempre hago paralelismos mentales con la segunda revolución industrial y sus efectos en los sistemas educativos.
 
Paradójicamente, en la educación privada llega a ocurrir, incluso, el fenómeno anverso. Por educación privada me refiero a cuanto más elitista, menos tecnología.
 
Es curioso como vuelvo a dos párrafos antes y vuelvo a pensar en los sistemas educativos de la segunda revolución industrial, como si fuera un paralelismo.
 
Se forma, desde la educación pública, a quienes serán los trabajadores del mañana, con los conocimientos básicos que necesitarán los empleos del mañana. Y, sin intención alguna de pecar de clasista (y esto lo digo sin ironías), es la escuela privada donde se prima el pensamiento crítico o las interacciones sociales.
 
Nuestros políticos y diseñadores curriculares se han preocupado tanto de blindar la educación pública en favor del acceso a la tecnología, que se olvidaron que aprender a razonar también es importante.
 
Quien se quede en la superficie dirá que esto es lucha de clases, etc. No, señor, se trata de algo mucho más grave y más importante: Se está creando una brecha analógica.
 
Esos niños que usted ve, todos con la ropa limpia, sentados, con su merienda procesada y su pantalla en la mano, están muy lejos de aquellos que todavía juegan con el cuerpo y se ensucian.
 
Aprender a utilizar la tecnología es necesario, pero también es necesario aprender habilidades sociales que vayan más allá de un like.
 
Lo que se viene, en una era de hiperconexión (que es donde pretenden llevarnos) puede ser peligroso para quienes no tengan las herramientas psicológicas y emocionales necesarias para saber cuándo decir «basta».
 
La brecha analógica puede predecir la posibilidad de un futuro donde la élite mantenga su status quo, mientras la base de la pirámide no vea más allá del rectángulo que tiene delante.
 
Esta brecha no ocupa espacio en los informativos, ni en discusiones ministeriales; tampoco se mide en dispositivos ni en conectividad, sino en capacidad de pensamiento, autonomía y relación con el mundo más allá de la pantalla.

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