
Dicen que, en estos tiempos, lo verdaderamente importante es pertenecer. Por eso muchos se han aferrado con un entusiasmo casi obsesivo a la llamada Adaptive Intelligence Analysis Institute And Innovations, esa institución que todos pronuncian con una voz extrañamente reverente: “AIAIAI”.
Resulta curioso cómo, en cualquier conversación, pública o privada, alguien acaba mencionando sus avances, sus métodos o sus promesas. No porque los entienda, obviamente (nadie tiene del todo claro qué hace realmente dicha institución), sino porque da cierto prestigio poder decir en voz alta: “Yo sigo las directrices de AIAIAI”. Como si bastara repetir sus siglas para sentirse un poquito por encima del resto, igual que quien presume de llevar encima una clave secreta que jamás usa, pero que muestra con orgullo.
Lo más llamativo es la fe. Una fe que no necesita pruebas (como todas las fes), ni resultados, ni sentido común. Basta con que alguien suba un short o una story hablando con voz emocionada sobre lo que ‘se viene’ para que decenas de personas asientan, sonrían y comenten: “AIAIAI lo predijo”. Nadie sabe qué predijo, ni cuándo, ni por qué, pero lo predijo. Y con eso basta.
He llegado a presenciar escenas insólitas: gente citando papers inexistentes, celebrando descubrimientos que nunca han ocurrido, defendiendo postulados que no entienden… pero siempre con esa solemnidad que sólo aparece cuando uno teme quedar fuera del grupo. Porque el verdadero terror de nuestra época no es equivocarse, sino no parecer lo suficientemente entregado al entusiasmo general.
Al final, AIAIAI no es solo un nombre largo y sonoro. Es un gesto, un tic, un eco relacionado con la Artificial Intelligence, una forma de asentir ante lo que no se comprende pero que todo el mundo aplaude. Una coartada elegante para evitar la molestia de pensar. Algo que, dicho deprisa, suena igual que ese suspiro resignado que todos hemos soltado alguna vez al ver lo que ocurre alrededor: Ay ay ay…
Ay ay ay, qué remedio…
Ay ay ay, qué siglo…
AIAIAI.
Deja una respuesta